Dicen que cumplir años es volver a tener otra oportunidad, es volver a tener 365 días para despertar, para darle la vuelta al sol, para renovarse. Y estoy convencida de eso.
Hace dos días cumplí 24 años y volví a ganar vidas, como esas que esperas obtener ansiosamente mientras estás jugando un videojuego, en el que tienes que sobrevivir como puedas, aferrándote a lo último que te queda antes de llegar la meta, para poder cruzar el puente.
El día de tu cumpleaños es como un centro de rehabilitación, donde tienes que recobrar fuerzas para seguir enfrentándote a los miles de obstáculos que habrá este nuevo año, para saber cómo manejar al enemigo y evitar cruzar caminos, para poner en marcha esos propósitos que no has logrado cumplir. Para simplemente sonreír más y quejarse menos, porque sí, para eso también necesitamos esforzarnos y prepararnos psicológicamente.
Me acuerdo cuando mis cumpleaños significaban solamente un día especial donde podía para divertirme más, juntarme con mis amigos, comer mucho pastel, recibir obsequios, y tomar muchas fotos. Pero conforme fueron pasando los años, la diversión cambió, mis amigos disminuyeron, ya no me avorazaba con el pastel, los regalos se convirtieron en el simple placer de convivir y recibir cariño, y las fotos, bueno, las fotos siguieron, saben que no puedo vivir sin captar días como éstos con una cámara.
Una arruga más, los ojos cansados, pero con la misma sonrisa y el corazón más grande que nunca.
Los años nos cambian, pero no alteran nuestra esencia.
Nos volvemos más tercos.
A veces más mentirosos, otras más sinceros.
Apreciamos los pequeños detalles e ignoramos los grandes escándalos.
Somos más. Nos sentimos grandes, invencibles.
Tenemos al mundo esperándonos y a un montón de sueños haciendo fila.
Tenemos un año más de experiencia en resolver errores, problemas, corazones rotos, malos entendidos, así como en perdonar, sonreír, ayudar y luchar.
Todos queremos ese día perfecto para celebrar nuestros cumpleaños y festejar ese año más de vida que el universo nos ofrece, y he aprendido que de tanta perfección que anhelamos terminamos recibiendo lo contrario: el día con retrasos y problemas, personas lejanas, falta de cariño y atención, y miles de expectativas tiradas a la basura.
Llevo ya varios años repitiéndome a mí misma, semanas antes de cumplir años, que la vida es así, que esperar mucho de los demás no sirve de nada mas que para arruinarte el día. Que lo especial de esas 24 horas te lo creas tú mismo, con tu actitud, tus acciones y tu forma de aceptar lo que venga, sea bueno o malo.
Si el primero de esos 365 días que te esperan no lo recibes positivamente, estás empezando tu juego con el pie izquierdo, es probable que no llegues a tener suficientes fuerzas para pasar los obstáculos que te faltan. Acuérdate que no siempre tendrás vidas esperándote al final de la meta, para cruzar el puente.
El cumplir años es como un juego, es terminar la partida, cerrar ciclos, y prepararse para lo que viene, el siguiente nivel, quizás más difícil, pero igual de interesante y prometedor.
Sofía.