Agosto 2019
Necesitaría la vida entera para olvidarte.
Pensaba que no me hacía falta nada hasta que te conocí.
Un beso que detuvo la noche en el día menos pensado. El silencio se volvió la melodía y nuestros sentidos nuestros guías. Fue un verano soñador, lleno de altos y bajos, dudas y secretos, adrenalinas y desesperación. Fue el verano que jamás imaginé y el que siempre soñé. Fue la persona correcta en le momento perfecto.
Una reacción al instante que cambió nuestro mundo. Una mirada sincera que retumbó en mí como un terremoto sacude la tierra. Palabras sinceras que sacaron sonrisas enteras, sin fingir risas, sin simular miradas ni inventar palabras. Fluyó todo tan natural que me parece irreal que hayan sido semanas.
Lo inesperado de la vida es así. Espontáneo, divertido y lleno de emociones. Una persona que se convirtió en mi luz cuando no sabía caminaba en la oscuridad. Un lazo que jamás se romperá pero sí se distanciará.
Así es el destino, así es nuestra vida, así las cosas. Lo bueno siempre llega si sabes apreciarlo.
No queda más que decir. El silencio habló por los dos.
Fue una aventura espontánea que cambió el rumbo de nuestras vidas. Un encuentro lleno de adrenalina, temor y atracción. El momento ideal para el beso ideal.
Nunca olvidaré cómo las yemas de sus dedos acariciaron mi piel como quien toca por primera vez el terciopelo del durazno.
Los momentos no se olvidan, quedan guardados para siempre en pequeños recuerdos sensoriales. En gestos, miradas, acciones, objetos, lugares, en todas partes. Escondidos, pero nunca inalcanzables.
Dicen que no se puede vivir de recuerdos, pero son esos los que me permiten despertar cada día para crear nuevos. Son los recuerdos los que me ayudan a buscar algo mejor, a cambiar mi realidad, a no conformarme.
Podría repetir ese recuerdo una y otra vez. Nuestro primer beso una y otra vez.
oranday