Las personas interesantes son como las conchas de mar perfectas, que te encuentras muy de vez en cuando.

A veces solamente ves las deterioradas, las quebradas y sin forma, y de repente descubres esa concha distinta, que está manchada, que tiene una textura extraña, tan perfecta que tiene cierta chispa que te llena de adrenalina, y la levantas de la arena sin pensarlo dos veces.

Para mí así sucede cuando esa persona destaca entre el montón, te intriga, te distrae, te hace querer descubrir más sobre ella.

Nuestras miradas nos delatan, estamos tan embobados con ese alguien que está frente a nosotros, que tardamos en darnos cuenta que para ellos no somos esa concha de mar perfecta.

Entonces esa persona se convierte en nuestro crush.

Alguien que nos encanta, nos mueve el tapete, y nos trae locos de pies a cabeza, y lo más importante y desesperante: él o ella no lo sabe.

Y desgraciadamente, son contadas las ocasiones en que el sentimiento se vuelve mutuo, así que guardamos el secreto y solamente se lo confesamos a nuestros amigos más cercanos. Terminamos jugando este pequeño y complicado juego de simular que todo esta perfecto, que no te estás muriendo de nervios porque está en la misma fiesta que tú, que no amenazaste a tus amigos, que están aburrídismos en ese lugar, que no se podían ir porque tu crush seguía ahí. Y es difícil, encontrar el balance ideal para comportarte, sin que descubra que te encanta, y que a la vez no pierda el interés en tu conversación.

Es una actuación que poco a poco se vuelve rutinaria, y es ahí cuando te cae el veinte que esa persona es un crush imposible, que es tan perfecta la ilusión que tienes de él o ella, que prefieres seguir emocionándote cada que te la topas, prefieres continuar ese juego.

Podría sonar triste y poco valiente el conformarse con guardar silencio, pero muchas veces el silencio es la mejor manera de tener esa pizca de felicidad que sabes que muy probablemente podrías arruinar si se llega a enterar que es tu crush.

Hay crushes que son para siempre, que es mejor dejarlos ahí, como esa concha de mar perfecta que recogiste en la playa y seguramente guardas en un lugar especial o la hiciste parte de la decoración de tu cuarto.

Simplemente hay crushes que no se tocan.

Pd. Claro que estoy a favor de mejor decirle o demostrarle a esa persona que te gusta, pero siempre hay excepciones.

Sofía.

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