Octubre 2020
A veces no es lo que hacemos ni lo que decimos. Ni siquiera nuestra personalidad o acciones. A veces es completamente algo ajeno a nosotros. Pero estamos tan acostumbrados a culparnos a nosotros mismos, a ser nuestro peor enemigo, a empoderar negativamente a los defectos en lugar de aceptarlos y ser nosotros mismos; a pensar negativamente de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestros sueños.
Intentamos cumplir las expectativas de todos los demás. Nosotros mismos nos ponemos expectativas que sobrepasan nuestra capacidad. Esas soñadas y perfectas ideas que vuelan en nuestra mente, que parecen ser nuestra meta, pero en realidad son esos fantasmas que nos meten el pie para evitar que lleguemos tan lejos como nosotros mismos podamos. Como nuestro cuerpo nos lo permita.
Somos nosotros mismos nuestra espada y pared, aquellos que susurran nuestros defectos como si fueran prohibidos. Que esconden nuestras asombrosas capacidades y virtudes por temor a ser diferentes. Que evitan a toda costa tomar el riesgo a vivir, a soñar.
Tú y yo somos los causantes de esta inseguridad que me persigue todos los días. Haciéndome creer que mi felicidad depende de alguien más, cuando ese alguien únicamente va a acompañar tu felicidad, va a ser parte de ella y complementarla.
Tú y yo. Una combinación exorbitante.
Tú, mi voz interior, y yo, mi mente y cuerpo que acciona. Qué caótico e increíble dúo.
Siempre marcando el inicio de un fin que nunca llega. El fin de la inseguridad.
oranday
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