Desde hace rato que quería escribir algo pero no me daba el tiempo, y casualmente cuando tenía tiempo no me salían las palabras. Es raro esto de escribir, y más cuando escribes desde tu interior. Me gusta relatar lo que pasa por mi mente, lo que me dice mi alma, lo que siente mi corazón. Algo que me parece innecesario escribir es lo que hago cada día. Nunca fui buena con los diarios. Mis días no tienen nada de especial, y lo especial en mi vida no se puede describir. En fin, para eso está Twitter, que honestamente, me causa problema tener que privarme de lo que quiero escribir debido a la gente que conozco y me «sigue».
Pero bueno, como les decía, hace rato que quiero desahogarme. He salido para despabilarme, sí. He bailado, sí. He llorado mis penas, sí. He gritado, sí. Y aún así sigo teniendo este hueco en el pecho que cada vez se hace más grande. Poco a poco me va consumiendo, me va comiendo por dentro. Me amarga el día, me trae problemas, me hace enojar, me cambia el mundo al revés.
He intentado hablarlo, contárselo a alguien. Pero siempre acabo igual. Contando sólo una parte de la historia, cambiando acciones, sentimientos y resultados. Ya sé que es mentir, pero en verdad sé que nadie me puede ayudar. Seguro les ha pasado. Creemos que sólo nosotros nos entendemos y nadie nos va a apoyar al cien.
Da paz a mi alma sacarlo todo, por eso escribo. Claro que no voy a plasmar aquí toooda una historia. Es solo un poco para relajar el cuerpo y la mente. El dolor del corazón puede ser curado mediante muchas maneras. Pueden platicarlo, comer, bailar, jugar, dibujar, cantar, tocar algún instrumento, pintar, hacer ejercicio, o escribirlo, como yo.
Hace unos días encontré una libreta vieja que me compraron cuando estaba en primaria y para mi sorpresa encontré algo escrito en ella que me animó el día. Con la letra más espantosa que pueda haber, escribí: «Nunca es tarde para comenzar». Están de acuerdo que estaba en primaria y que lo más probable era que tuviera 10 años (edad en la que comencé a escribir). En verdad estaba sorprendida. No recuerdo haberlo escrito y mucho menos haber pensado eso en algún momento de mi infancia. ¿Qué me hizo escribir eso tan profundo? No lo sé. Pero vaya que la Sofía de 10 años sabía más que la de hoy en día.
Nunca es tarde para comenzar, ya sea nuevos hábitos, nuevos retos, nuevo trabajo, nuevas amistades, nuevos romances, nuevos sueños. Nunca es tarde para comenzar a darte cuenta de las cosas que ocurren a tu alrededor. Nunca es tarde para comenzar a perdonar, a amar, a sentir, a soñar. Nunca es tarde para comenzar algo que en verdad lo desees con toda tu alma. Nunca es tarde para comenzar a vivir.
Sofía.