El viento mece suavemente las ramas de los árboles. Mientras envidio la paz y tranquilidad con la que el pájaro permanece ahí, sentado al extremo de la rama. Observando detenidamente al mundo.
«Qué vida tan rara, ¿no?» Se cuestiona mientras siente pena por la triste y acelerada realidad de los humanos.
«No hay tiempo. No hay tiempo». Escucha que murmuran entre ellos mismos en todo momento, haciendo a un lado sus sueños y deseos más profundos. Todo por llegar a un algo incierto. No se detienen a contemplar el horizonte antes de extender sus alas y volar, y tristemente caen. Algunos retoman el vuelo, pero hay a quienes sus alas se les rompen y no se pueden volver a levantar. Destruidos por la presión del mundo, arrebatados de la vida plena, contando los minutos y segundos. Como si de eso dependiera su vida.
Quisiera ser como ese pájaro. Que sigue meciéndose con el viento y el sonido del mundo. Entre hojas verdes y rayos de sol. Esperando que caiga la noche para dormir profundo, pues mañana es otro día para empezar de nuevo. A su ritmo. A su tiempo. Un cuerpo tan ligero que se adapta a las adversidades de su entorno, y tan pesado que no se tambalea. No duda. No se angustia. Quisiera ser ese pájaro que sigo viendo por mi ventana. Sin estos tormentos que me persiguen hasta en mis mejores momentos.
As peaceful as the bird standing on the branch.
Watching the sunset while my life fades away…
